(Ejercicio de escritura no manuscrita en noche de insomnio)
No hay cosa que me cause más terror y asco, o tal vez no recuerdo.
Hace tiempo, cuando conocí a Kafka y a Samsa, sentí cierta compasión momentánea por los insectos, pero aun no me dan confianza las criaturas con exoesqueleto.
A menudo tengo pesadillas en las que cientos de miles de patas caminan sobre mí o me rodean: termino sepultada entre antenas y corazas color marrón: debe ser el fin del mundo o un invierno nuclear, no sé. Cuando estoy despierta, la sensación es similar a sentirme rodeada de gente (como soy tan creída, por regla general la gente es equivalente a cucarachas).
Me pregunto si algún día lograré ver una sin que se me erice la piel y un grito surja desde lo más profundo de mi aparato fonador... sería genial.
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